Si llegaste hasta acá es porque crees que querés hacer clínica psicoanalítica. Pero realmente trabajar en clínica psicoanalítica es una decisión que implica conocer, en primera instancia, las diferencias entre este modo de trabajo y otras propuestas terapéuticas que hoy se ofertan. Además, quiero que charlemos acá sobre cuáles son los esfuerzos, las frustraciones, los conflictos que el analista encuentra en ese camino del trabajo clínico antes, durante y después de realizarlo.
Entonces empecemos por el principio. ¿Cuál es la particularidad de la clínica psicoanalítica respecto de otras ofertas? Hoy por hoy tenemos los enfoques cognitivo-conductuales, el mindfulness, la programación neurolingüística, etc. Respecto de las diferencias conceptuales diría en principio que hay una básica, que tiene que ver con que nosotros no vamos a adaptar al sujeto a la realidad, y eso implica tres cuestiones: ubicar que 1) no vamos a adaptar 2) preguntarnos a qué llamamos “sujeto” 3) establecer a qué llamamos “realidad”. A grosso modo todos sabemos que en psicoanálisis no adaptamos al sujeto a la realidad, lo sabemos hasta que llega un paciente que nos dice que hace tres meses está encerrado en su habitación y no puede salir, o llega otro que dice que estaba haciendo una carrera universitaria y la tuvo que dejar, o alguien que no sabe por qué no puede seguir trabajando, y entonces rápidamente los mandamos al psiquiatra, o indagamos acerca de cuáles son las actividades que les gustaría realizar, en cuáles se sienten menos presionados para que puedan retomar el camino. Corremos un riesgo cuando hacemos eso, que es que nos estamos colocando sin querer en el lugar del amo. Lacan va a decir que el amo es aquel que quiere que la cosa marche. Colocarnos en el lugar del amo no nos va a llevar a buen puerto, va a hacer que sencillamente el paciente se encuentre con lo que se encuentra en todos lados, con que se le impone realizar determinadas tareas, determinadas actividades que le permiten seguir avanzando, progresando.
Entonces lo primero que podríamos ubicar es que el psicoanálisis no lleva al progreso, no tiene como meta el avance, tampoco tiene como meta el retroceso ni el estancamiento, podríamos decir que sus metas no tienen que ver con esa lógica lineal. Su única meta, la única meta de la clínica psicoanalítica es disminuir el padecimiento subjetivo, que no es ni el padecimiento del yo, ni el padecimiento de los otros respecto del paciente que nos consulta porque les resulta molesto, ni el padecimiento de una sociedad porque el paciente no se adapta a ella, con lo cual tenemos otro tema que definir, que es de qué se trata lo subjetivo. Entonces decía que en principio nosotros no adaptamos al sujeto a la realidad, no nos constituimos en un nuevo amo, sino por el contrario lo que vamos a hacer es posibilitar que no funcione tan adaptadamente, y para eso tenemos que estar absolutamente convencidos de que eso es posible y que nos va a llevar al objetivo que tenemos.
También situaba que tendríamos que ver de qué se trata el sujeto, y de que se trata la realidad, y para eso tenemos que desmitificar ciertas ideas que tenemos del sujeto, aún desde el psicoanálisis mismo. Pensamos muchas veces que el sujeto es la persona que nos viene a consultar, que es el individuo, que es el paciente, lo pensamos porque las traducciones que tenemos de Freud pueden usar vulgarmente el término sujeto, Lacan mismo habla del sujeto como paciente muchas veces, especialmente en la primera parte de la obra, y sólo podríamos pensar lo contrario si podemos leer en un contexto lógico lo que cada autor plantea. Si nosotros leemos la expresión “sujeto” que Lacan utiliza en el contexto lógico de su teoría, creo que no nos quedan dudas de que el sujeto no es el individuo, en principio porque el gran trabajo de Lacan radica entre otras cosas, en ubicar al sujeto como sujeto barrado, y eso ya va absolutamente en contra del individualismo. Esto seguramente lo han escuchado muchas veces, en el último tiempo hay hermosos trabajos realizados al respecto, muy valiosos. Ahora, quiero que entendamos el alcance de estas ideas, qué valor tiene que el sujeto no sea un individuo. ¿Qué significa que el sujeto está barrado? Que está caracterizado por una falta, que además es una falta imposible de llenar, pero además significa que el sujeto no es una isla, no puede autoabastecerse afectivamente, y ese es uno de los ideales que la realidad actual impone, que uno pueda autoabastecerse afectivamente. ¿No ha sucedido acaso que vengan pacientes a preguntarnos por qué están tan pendientes del amor del otro, y que quisieran poder amarse a sí mismos y que con eso alcance?, ¿No está el ideal de que con el autoamor podría alcanzar? Sin embargo la idea de que el sujeto no es un individuo implica que no somos islas, que necesitamos no solamente del amor del otro, sino del sostén del otro, y además de necesitarlo es imposible, nada del orden de la vida si ese amor y ese sostén no están. Y cuando digo “vida” no me refiero a la vida biológica, a la vida orgánica, sino a la vida en los términos de lo vivificante, nada será vivido si no contamos con el amor y el sostén del Otro. Por supuesto nos encontramos con que el neurótico tiende a querer el individualismo, a buscarlo y a valorarlo, y no se percata que en realidad todo lo que ha logrado, aún con enormes esfuerzos, con mucho mérito, nunca es a solas. ¿Quién ha logrado hacer una carrera universitaria solo? Sin un apoyo económico, sin el apoyo de sus padres, sin el apoyo de un trabajo, de un jefe, de un amigo, de una pareja, de la educación que uno recibió antes de llegar a la universidad. Siempre contamos con el sostén del otro, en el mejor de los casos. Entonces, fíjense que este ideal de individualismo, de ser islas, es un ideal con que el psicoanálisis tiene que lidiar. Nosotros mismos como analistas tenemos que estar corridos de ese ideal, tenemos que entender que ese ideal de individualismo es imposible, es una fantasía del neurótico, pero es imposible. Si nosotros lo entendemos vamos a poder trabajar en consecuencia. Pero muchas veces, como les decía antes, no lo entendemos y entonces conducimos al paciente a que se quiera más, a qué se quiera a sí mismo, a que por qué está tan dependiente de sus padres, por qué está tan dependiente del amigo, por qué se angustia si el novio la dejó, bajo la idea de el autosostenimiento. Y en ese sentido tenemos que empezar a pensar que la realidad no es el lugar al que hay que adaptarse, esa realidad que nos dice que nos tenemos que adaptar al individualismo no es ni más ni menos que el efecto de una discurso, toda realidad es efecto de un discurso. En lugares donde se vive comunitariamente es impensable el individualismo, en lugares donde los niños son criados por toda la comunidad y no por los padres biológicos, es impensable que los padres biológicos sólo se dediquen al cuidado del niñito que han tenido, son otros las categorías que se utilizan allí. Entonces la realidad es siempre una realidad producto de un discurso y la realidad que el psicoanálisis plantea, porque el psicoanálisis también es un discurso, la realidad que el psicoanálisis plantea es que no hay individuo. Nosotros podemos decidir qué realidad vamos a sostener, si la realidad que plantea el discurso del psicoanálisis, que no es la realidad del neurótico, no es la realidad psíquica, eso es otra cosa que ya hablaremos, vamos a ver si sostenemos la realidad que plantea el psicoanálisis, que es esta realidad no es sin otros y no es sin el gran Otro, o si vamos a sostener realidades producto de otros discursos. Por eso yo les preguntaba al inicio de esta página si ustedes estaban seguros de querer hacer clínica psicoanalítica. Porque a veces uno cree que sí, pero hacer clínica psicoanalítica en los términos en que Lacan lo propone implica esto que yo estoy situando, implica este punto de ir en contra de lo que un discurso cultural y social impone. Por ende para poder trabajar en esta línea necesitamos, por un lado, trabajar en abstinencia, pero a la vez trabajar regulados por un marco. Nosotros los analistas estamos regulados por un marco, no trabajamos sólo en abstinencia sino en una regulación muy fina de abstinencia y la regulación de un marco. Si sólo trabajamos en abstinencia sin un marco que nos regule a nosotros, que regule nuestra práctica entonces dejaríamos un libre fluir de las asociaciones que vayan hacia ningún lugar, cosa que sucede muy a menudo, pero no es la clínica que les quiero proponer acá. En cambio si nosotros trabajamos en abstinencia pero considerando que estamos regulados por un marco que es el marco de la teoría psicoanalítica, entonces trabajaremos en abstinencia acorde a las legalidades que ese marco impone, y una de las legalidades que ese marco impone es que no hay individuo, por ende no hay individualismo, es una de las cuestiones que ese marco plantea. ¿Se entiende la importancia de trabajar en abstinencia pero regulados por un marco? Nosotros conocemos analistas que proponen el libre fluir de las asociaciones al paciente sin ningún tipo de intervención sobre ellas, hemos hablado con algunos de ustedes acerca de este asunto, y cómo hay una consideración a veces de que para que la asociación sea libre el analista la tiene que dejar fluir libremente. Sin embargo no se trata de eso, ni Freud ni Lacan lo han hecho de ese modo, ninguno de ellos ha fomentado la asociación libre para no intervenir.
Ahora: es cierto que para poder intervenir yo tengo que conocer el marco que me regula, conocer la teoría que regula mi praxis, si yo no la conozco entonces no puedo intervenir, estoy a ciegas, es como manejar un auto y no conocer las reglas para conducir. Entonces lo que les quiero proponer es que trabajemos en pos de conocer todas las cuestiones que el psicoanálisis nos plantea, esas legalidades, esas conceptos, esas normas que el psicoanálisis plantea que son muy atípicas respecto de lo que nosotros estamos acostumbrados, para entender de qué se trata ser psicoanalista y poder abordar el trabajo clínico del mejor modo posible, en relación a nuestra formación, ese camino les quiero proponer por medio de esta pagina que armé.
Y por otro lado no quiero dejar de mencionar algo importantísimo, que es que el trabajo del psicoanalista es un trabajo complejo, difícil y frustrante. Es difícil porque la teoría es difícil, porque es difícil entenderla, porque siempre sentimos que no sabemos lo suficiente, porque siempre sentimos que otros saben más que nosotros. También es muy difícil respecto de lo económico, al menos en Argentina es así y entiendo que en otros países también, donde tomar la decisión de trabajar con pacientes implica tener que hacerlo fuera de otros trabajos que realizamos en relación de dependencia, porque para subsistir no podemos hacerlo sólo con el trabajo con los pacientes, así que el esfuerzo es mucho. Muchas veces citamos a los pacientes y no vienen, y estamos pagando horarios de consultorio, el paciente no viene y nosotros tenemos que pagar igual, todas esas frustraciones y complicaciones tenemos. Cuántas veces nuestras familias no entienden lo que hacemos, justamente porque ellos están regulados por el discurso social, de que hay que progresar y que hay que avanzar entonces no le ven el sentido a que uno esté esperando en el consultorio a un paciente que no viene y pagué una hora de alquiler. Es una verdadera apuesta, pero que sea una apuesta no significa que sea una apuesta pasiva ni una apuesta a ciegas, es una apuesta absolutamente comprometida y activa, y me parece que más que nunca tendríamos que pensar que esa apuesta siempre es con otros. Sería imposible hacerla solos, siempre necesitamos de otros que nos acompañen, que nos ayuden, que nos ayuden económicamente, que nos sostengan la mano cuando nos frustramos, necesitamos de espacios con colegas para poder compartir lo que no entendemos, lo que no sabemos. Mientras más busquemos ese lazo, mejor va a ser el trabajo clínico que hagamos, eso va a redituar positivamente en nuestra clínica.
Así que sean ustedes muy bienvenidos, les propongo que trabajemos juntos para hacer de nuestro trabajo un lugar habitable para nosotros y beneficioso para nuestros pacientes.