Una de las cosas más sorprendentes en los espacios de supervisión, es cómo los analistas se preocupan sistemáticamente por el trabajo sobre el goce, la posición subjetiva, el fantasma, cuando no el nudo y el sinthome, sin haber establecido en los tratamientos que llevan adelante la instalación de la transferencia ni haberse preguntado por ella.
¿Por qué sería importante pensar este tema? Por un lado, porque la transferencia le da soporte al trabajo analítico. Es el marco legal del análisis, el que marca las reglas.
Con “reglas” no me refiero a la regla fundamental o la atención flotante. Estas, tanto para analizante como para analista, son esfuerzos voluntarios de disponer las cosas para que el material inconciente aparezca. Son reglas consecuentes con la idea de que el inconciente está oculto, que hay una tendencia del Yo a la represión y entonces deberíamos pedir a los pacientes que abandonen ese esfuerzo. Entonces estas reglas implican barrer de resistencias de un lado y del otro el terreno para aprehender los vestigios de lo reprimido. La paradoja es que el inconciente sería aprehensible en cuanto los Yoes en juego pudieran salirse del escenario analítico.
Y esto se lograría con un esfuerzo del Yo.
Esta “crítica” si es que le cabe esa denominación, no es una crítica a Freud, sino a lo que él plantea respecto de este punto. No todo Freud entra en jaque porque él no haya vislumbrado ciertas cuestiones o porque sea “hijo de su época”.
Entonces, la regla que instituye la transferencia podría anunciarse “Diga lo que diga, el tropiezo es lo que comanda”. Es decir que es una regla que instituye al mismo tiempo al analista, como operador que instala el tropiezo como tal y lo sitúa como guía en el trabajo y al mismo tiempo al sujeto dividido como efecto de que el lenguaje no puede decir.
La primera pregunta que me hago es por qué no hay pregunta entonces sobre la instalación o no de la transferencia.
Una de las cuestiones por las cuales no hay pregunta, es porque se la toma como un hecho “natural”. Desde ya que los desarrollos freudianos al respecto nos pueden hacer suponer que es un hecho natural. De hecho, para Freud existe la transferencia fuera del análisis y se trata ahí de la suposición de saber a alguien y cierto atractivo que eso nos provoca. Pero honestamente no creo que esta idea (del valor del conocimiento como reconocimiento social) tenga su origen en Freud. Más bien, entiendo que tomar a la transferencia como natural implica entenderla como un estado de atracción hacia el saber y eso empieza en todo discurso que plantee la posesión de conocimiento como un rasgo de reconocimiento social y que establezca un orden jerárquico de distribución del poder. Así, podría tratarse de cualquier discurso religioso, económico, social, que tuviera estas características. Culpar a Freud del capitalismo, del catolicismo, del judaísmo, del racismo, sería una locura.
Ahora, así como es cierto que para Freud existe la transferencia fuera del análisis, establecida “espontáneamente” por esta atracción que causa el poder en cualquiera de sus formas (en este caso en la forma del conocimiento), también es cierto que en el análisis tiene sus particularidades: enlaza a la persona del analista en la serie de las imagos de las cuales el sujeto está acostumbrado a recibir amor y repite ese lazo en escenas infantiles.
Es decir, además de la suposición de saber al analista ahí se produce la integración del analista al campo de las representaciones del paciente por algún rasgo, entrando así a ser parte de la neurosis.
Ahora bien: este enlace no requiere una maniobra particular por parte del analista. Sucede solo. En este punto, pareciera que es el paciente el que instala al analista como parte del juego. Acá se abre una pregunta para mí que dejo abierta, porque estoy indagando para ver la respuesta, que es que en el Seminario 24 L’insu…, Lacan dice “que el analizante instala al analista, no cabe ninguna duda”. Habría que ver qué quiso decir con eso.
Freud, como teórico, crea un analista producido por el paciente, analista que es sustituto de lo que hay por debajo, reprimido: el padre, la madre o el hermano mayor. Es decir que, en este sentido, el analista es parte del inconciente, en tanto este se conforma por la represión de lo reprimido y su retorno. En este punto, el analista se transformó en una “representación”.
Entonces el soporte de estas ideas es el inconciente como saber reprimido.
Ahora bien: respecto de la materialidad del inconciente, Lacan dice en el mismo Seminario “El inconciente se limita a una atribución, a una sustancia, a algo que es supuesto ser /estar debajo. Lo que enuncia el psicoanálisis es que esto no es más que una deducción. Deducción supuesta, nada más.”
Entonces no es algo que existe debajo sino que se deduce como estando debajo. Demás está decir que si se deduce de este modo se puede deducir de otro también. El psicoanálisis viene a enunciar que el inconciente no es en el sentido sustancial. Por supuesto que la idea de un Inconciente sustancial se contrapone a esto. Es lo que Lacan llamaba su carácter óntico ¿no?. El estatuto del inconciente no es óntico sino ético. Y de hecho, Lacan dirá en el Seminario 11 que: “Si formulo aquí que el estatuto del inconsciente es ético, y no óntico, es precisamente porque Freud no lo pone en evidencia cuando da su estatuto al inconsciente.”
Eso nos recuerda que el inconciente es lo que se deduce de una serie de axiomas. En el caso de Freud: 1) existe la representación 2) existe la represión. En el caso de Lacan podemos pensar el Otro como campo del significante, por ejemplo.
Según cómo se deduzca, podremos pensar la transferencia de uno u otro modo.
Dime qué concepto de inconciente tienes y te diré cómo conceptualizas la transferencia.
Entonces: la transferencia en Freud es un efecto del funcionamiento de un inconciente sostenido en la represión. En ella la idea de “sustituto” es fundamental. Es una idea tal vez un poco romántica, en el sentido del recupero de la verdad. Finalmente la verdad de algún modo se hace oír.
Ahora bien: “sustituto” es recupero, es logro del inconciente por hacerse oír, con la paradoja que ese logro tiene y es que es un logro fallido. Es un modo desfigurado de acceso a la conciencia. Y además implica una idea muy establecida de que el inconciente es un “detrás”. La “otra” escena.
Ahora bien. Lacan acentúa el tropiezo, como “fundamento” del inconciente. “Tropiezo” implica desencuentro, pérdida, punto de fuga. ¿Entendemos de qué se trata eso? A mí me llevó tiempo entenderlo, y cada vez que lo vuelvo a pensar se me escapa. Pero me parece que en principio nos podemos hacer una idea de que se trata de que no se lo encuentra donde se lo busca, y esto hay que entenderlo no como que está en otra parte, sino en el sentido del desencuentro y la imposibilidad lógica de asirlo. En este sentido no tendría que ver con las formaciones del inconciente, que por años los analistas han ido a buscar al punto en que los pacientes se las traen servidas en bandeja.
“Tropiezo” implica que el inconciente implica lo real, implica el sinsentido, la imposibilidad lógica de decir algo que sea. Si se puede decir, ya no es.
Entonces, siguiendo nuestro hilo, ¿cuáles son los modos en que podemos pensar la instalación de la transferencia?
La idea de tropiezo implica una lógica, que a mi entender se puede deducir del hilo de Freud pero no está especialmente trabajada. El hecho de que Freud trabaje en algunos casos con significantes (Stehen o Ratten), con las partículas asemánticas, como “ratt”, que equivalen al “fort” solo en el juego del fort da, la idea de un inconciente no reprimido fundante de la repetición, no representacional, son los indicios en Freud hacia esa idea. Para mí esos aportes son enormes, especialmente por la época en la que Freud desarrolla su obra. Y especialmente porque no tengo ninguna pretensión de que él hubiera dicho todo. En este punto podríamos diferenciar “repetición” de “tropiezo” si pensamos la repetición como repetición de la diferencia (nunca A es igual a A), simbólica y tropiezo como encuentro con lo igual a sí mismo, es decir, lo real que genera desencuentro. No tenemos que pensar acá lo igual a sí mismo como una piedra, chocar con la misma piedra. Corremos el riesgo de pensar ese tropiezo en relación a algo sustancial. El tropiezo se debe a lo real, lo que vuelve siempre al mismo lugar, lo igual a sí mismo no sustancial.
Ahora veamos lo que dice Lacan en la entrevista que le hace Paolo Caruso el año 1969 “Cuando realiza un análisis del inconsciente, a cualquier nivel, Freud siempre hace un análisis de tipo lingüístico. Freud había inventado la nueva lingüística antes de que ésta naciese. Usted me preguntaba en qué me distinguía de Freud: en esto, en el hecho de que yo conozco la lingüística. Él no la conocía, y por lo tanto no podía saber que lo que hacía era lingüística, y la única diferencia entre su posición y la mía estriba en el hecho de que yo, abriendo un libro suyo, en seguida puedo decir: esto es lingüística. Puedo decirlo porque la lingüística apareció pocos años después del psicoanálisis. Saussure la comenzó poco después de que Freud, en “La interpretación de los sueños”, hubiera escrito un verdadero tratado de lingüística. Esta es mi «distancia» de Freud.”
En la misma entrevista Lacan dice “Es extraordinariamente importante subrayar que las estructuras fundamentales del lenguaje -las que se encuentran a nivel del análisis linguistico más moderno, por ejemplo los de la formalización lógica- vienen a ser coordenadas que permiten situar lo que sucede al nivel del inconciente, es decir, permiten afirmar que el inconciente está estructurado como un lenguaje. Y no se trata de una analogía, sino que quiero decir que su estructura es, exactamente la misma del lenguaje.”
Así que no se trata de un “cómo”, sino de la misma estructura del lenguaje. Si el “como un lenguaje” implicaba las leyes de la metáfora y la metonimia ¿qué sería entonces la mismísima estructura del lenguaje? Las estructuras FUNDAMENTALES del lenguaje, por ejemplo, la formalización lógica (tendríamos que ver cuáles serían otros ejemplos) son las que le dan al inconciente la estructura de lenguaje. Entonces para Lacan: inconciente es estructura lógica que implica tropiezo.
El tema es que de la definición que tengamos, advendrá una definición de transferencia. Si el inconciente es tropiezo, el analista se instala en el tropiezo, se instala en su operación de dar al tropiezo, valor de material genuino de un análisis. No hay analista antes. Esto implica necesariamente, que el analista es el que produce el tropiezo como tal. No hay tropiezo sin analista.
Acá se nos abre la pregunta de si el analista dirige o no la cura y qué significa la decisión de tomar la transferencia como natural y no como instalación. Significa la decisión de los analistas de ahorrarse las decisiones: en general se ahorran intervenir por si se equivocan, estipular aumento de honorarios por si el paciente se va, es decir, producir cualquier tipo de caída del goce. No digo pérdida porque me parece que es una palabra que imaginariamente le da un valor preciado a lo que se pierde. El goce no es lo preciado. No es lo que el neurótico quiere retener, guardar, para regocijarse solito en un hecho masturbatorio. Es inevitable. Nosotros no hacemos perder nada.
Tal vez eso explique la inhibición general a instalar la transferencia y otras operatorias. Creer que nosotros, como analistas hacemos perder el goce al paciente hace, entre cosas, que no tomemos esa decisión por si se nos viene encima la culpa y además, que terminemos culpabilizando a los pacientes por gozar. Por supuesto que el hecho de sentirse culpables los analistas no dejaría de ser un asunto de las neurosis de los analistas que en muchos casos priman en las conducciones de los análisis.
No hacemos perder goce. En todo caso realizamos una serie de maniobras para que la determinación significante no sea sufriente, para lo cual, la transformamos en indeterminación. Ahora bien: eso tiene un efecto: el goce cae.
Nosotros operamos en la instalación del tropiezo y eso tiene como efecto la caída de goce.
Entonces: veamos por qué es imprescindible la instalación de la transferencia si trabajamos regidos por la lógica lacaniana del inconciente. Digamos, porque es el modo de establecer el marco ético del análisis, porque se instituye allí el inconciente como tropiezo y el analista como aquél que instituye el valor genuino del tropiezo, es decir, es necesario producir un anudamiento entre inconciente, analista y ética que se llama Sujeto supuesto saber. Lacan lo dice en el Seminario 11, que la transferencia es nudo, que tal vez se pueda decir gordiano, aunque no lo aclara.
En “La equivocación del Sujeto supuesto saber” Lacan dice: “Lo que el analista cubre, porque él mismo se cubre con eso, es que pueda decirse alguna cosa sin que ningún sujeto lo sepa”. Es muy interesante, porque en esta cita aparece que el analista cubre y queda cubierto allí donde se dice algo que ningún sujeto sabe. No hay aclaraciones sobre esta cuestión, pero aparece una relación, una correspondencia entre lo dicho que ningún sujeto sabe, es decir dichos no adjudicables a nadie, y analista.
Se ubica ahí el sujeto supuesto saber, no como alguien particular a quien se le adjudica un saber (por ejemplo, al analista X) sino la suposición de un sujeto al que ese saber le corresponde, es decir, la suposición de que el saber no es autónomo, automático e imperativo.
“La posición del psicoanalista está suspendida a una relación muy hiante. Pero no sólo a ella, pues se le requiere que construya la teoría de la equivocación esencial del sujeto en la teoría: lo que llamamos Sujeto Supuesto Saber.”
El Sujeto Supuesto Saber alude a que la equivocación esencial del sujeto y el analista es hiante: separa, produce hiato.
Una teoría que incluye una falta que debe volverse a encontrar en todos los niveles; inscribirse aquí como indeterminación, allí como certeza y formar el nudo de lo ininterpretable… La pregunta aquí es: ¿Quién soy yo para osar una tal elaboración? La respuesta es sencilla: un psicoanalista. La respuesta es suficiente si se limita su alcance a lo que tengo de un psicoanalista: la práctica”.
“En la estructura de la equivocación del Sujeto supuesto Saber, el psicoanalista debe encontrar la certeza de su acto, y la abertura que constituye su ley”.
Muy bueno !! Gracias Lara por el aporte, agradeceré lo sigas desplegando. Saludos