Artículo publicado en la Revista Así, del Diario Opinión, de Cochabamba, Bolivia. 24/9/23
Cuando la sensibilidad perturba.
La sensibilidad ha sido tema de prejuicio en nuestra cultura. Se la ha relacionado con lo feminino, con la maternidad, también con personalidades débiles, con los llamados “enfermos mentales”, o las personas consideradas “infantiles”.
Sin embargo, la sensibilidad es una facultad inherente al ser humano que puede funcionar como un gran recurso: permite registrar aquello que nos produce malestar y generar respuestas para contrarrestarlo. ¡Imagínense cómo viviríamos si no tuviéramos noticia de lo que nos conmueve o lo que nos perturba!
Ahora bien: ¿Existen situaciones en las que la sensibilidad que experimentamos es excesiva? ¿Hay una medida de sensibilidad adecuada a cada circunstancia?
A la vez que desde lo social se considera que la sensibilidad es síntoma de una persona insegura y frágil, nuevas perspectivas respecto de este tema preservan a la sensibilidad de las críticas y la entienden como una característica positiva de la personalidad. Desde aquí se valora vivir las emociones y no negarlas, no avergonzarnos de ellas y expresarlas para que los otros puedan comprendernos.
En este contexto, es importante destacar una circunstancia particular: existen situaciones en las que la sensibilidad se puede parecer mucho al sufrimiento. Personas muy sensibles al sonido ambiente requieren taparse los oídos en su vida diaria; otras sienten mucho malestar al escuchar hablar de ciertos temas, se les acelera el corazón, sudan sus manos; personas sensibles a la muchedumbre se alteran en espacios muy transitados y necesitan hacer algo que los tranquilice, como ejercicios de respiración; personas que se sienten nerviosas ante el ruido, el silencio, la luz del día, la noche, la situación de sociabilidad, un color.
La lista sigue.
Muchos pueden ser los factores que hacen que cuando la sensibilidad perturba, tiña la vida entera de malestar.
Tenemos que aclarar que no estamos hablando de lo intenso de la sensibilidad. Podemos sentir intensamente la felicidad, la diversión, la emoción y eso no indica ningún problema. Pero vale la pena observar cuáles son los efectos de la sensibilidad que experimentamos. Si nos hace sentir raros, si nos dificulta la vida de alguna manera, si nos perturba en nuestras acciones o pensamientos, si nos trae padecimiento en algún grado, sería muy bueno prestarle atención. ¿Por qué? Porque sentir ese modo perturbador de la sensibilidad puede ser un indicador de cierta angustia que no advertimos o desestimamos y que ejerce su influencia silenciosamente. No siempre la angustia se expresa en las ganas de llorar o la opresión en el pecho. Muchas veces la sensibilidad vivida de esta manera es uno de sus modos de manifestación. Afortunadamente existen tratamientos para estas situaciones.
El psicoanálisis es un abordaje que permite trabajar para modificar estos estados y sus causas. No hará falta que quien consulte haga ejercicios o disponga de fuerza de voluntad. No son esos los elementos que ayudarán a modificar las condiciones sufrientes.
Es el psicoanalista quien con su pericia, conducirá el tratamiento que se requiera para transformar la sensibilidad que perturba en una sensibilidad que permita una relación amena y cálida con el mundo.
Excelente! Gracias por compartirlo.