Este espacio es una invitación a pensar cómo leer un caso, como orientarnos para poder intervenir. Esto implica desde el vamos que para intervenir tenemos que estar orientados, que la intervención no es cualquier cosa que uno dice equivocando un sentido. Esa equivocación que el analista produce tiene que tener una orientación determinada y esa orientación tiene que estar fundamentada en los principios del psicoanálisis, en este caso del psicoanálisis lacaniano. Por eso podríamos elegir varios ejes de lectura, varias matrices desde las cuales leer. Pero lo importante es que elijamos la que elijamos eso tenga un fundamento. En todas las generaciones de analistas ha habido y sigue habiendo analistas que no fundamentan lo que hacen y lo que dicen, lo cual ha hecho muchas veces que el psicoanálisis se confundiera con algo absolutamente improvisado y que podría hacer cualquiera. Sin embargo no es así. Desde Freud sabemos que para hacer psicoanálisis hay ciertas condiciones, entre ellas estarán analizarse, supervisar y estudiar. Vayamos a la supervisión y el estudio: ¿para qué alguien lo haría si no fuera para poder fundamentar su clínica? Tener los fundamentos no implica que el analista necesariamente pueda hacer una descripción teórica completa, con indicación de páginas y textos, de cada concepto implicado en un caso. Pero sí que pueda explicar por qué hace lo que hace. Bien, sin embargo muchas veces nos encontramos con comentarios de los analistas dónde lo que dicen es: “ bueno, le dije tal cosa al paciente porque me resonó pero no sé a dónde estoy yendo con esto”. Este es un comentario muy habitual de las supervisiones: que no se sabe a donde uno está yendo con esa intervención, lo cual produce muchas cosas, entre ellas que la cura no se produzca nunca. Porque si bien la cura es por añadidura eso no quiere decir que por el sólo hecho de hablar y por el sólo hecho de intervenir en el sentido del equívoco significante la cura se vaya a producir. Si ese equívoco significante no está producido desde una intervención pensada lógicamente, con cierta estructura lógica, entonces esa intervención en principio no va a ser psicoanalítica, con lo cual la cura misma de ese tratamiento si la hubiera tampoco sería psicoanalítica. Y la verdad es que el psicoanálisis cura de un modo particular, cura el padecimiento: por supuesto, no el padecimiento para siempre ni nada por el estilo, Pero sí cura el padecimiento subjetivo. Vamos a decir así: en gran medida, no digamos del todo. No estoy pensando en el atravesamiento del fantasma. No estoy pensando en las finales de análisis posibles que los hay, pero sin llegar a tanto en gran medida el psicoanálisis cura el padecimiento subjetivo. Ahora bien: para poder entender qué es el padecimiento subjetivo tenemos que entender a qué nos estamos refiriendo con “sujeto” y en este sentido lo tenemos que diferenciar en primera instancia del Yo. No vamos a hacer acá grandes disquisiciones porque calculo que ya las conocen; el sujeto para el psicoanálisis es descentrado, es un sujeto que es efecto del significante, no sabe lo que dice porque el sujeto no habla sino que es hablado. Lacan va a decir en “La significación del falo” Ello habla. Y el Yo es esa instancia que como dice Freud, le da coherencia, aporta coherencia a la subjetividad. Es una instancia de donde parte la resistencia. Justamente por eso mismo es la instancia que podríamos llamar en otros discursos “individuo”. Ahora, fíjense que eso no es novedad para nosotros analistas. No vamos a trabajar con el Yo. Sin embargo permanentemente en las supervisiones aparecen comentarios que parecen ir en contra de eso, tales como tal paciente se mete en situaciones en las cuales este después sufre y no puede salir. “este tal paciente goza de determinada situación y va a tener que elegir” . La cuestión de la elección suele aparecer mucho. “Tal paciente va a tener que elegir si sigue Gozando de esa manera o no”. Entonces por un lado sabemos como si fuera obvio que el Yo no es la instancia con la cual nosotros vamos a trabajar o en todo caso para lo único que vamos a trabajar es para desarticularla y por el otro lado pareciera que el Yo es el artífice de todas las cosas, que tiene que ver con que está absolutamente instituido en nuestra cultura: vivimos en la cultura de lo individual, la cultura del yo. Prestemos atención a la idea de “autoayuda”, “autoboicot”, etc, una cultura totalmente instalada para nosotros. Ahora: el tema es que el psicoanálisis propone un quiebre en esa cultura tan instalada de los “auto”, justamente a partir del concepto de “sujeto” y su relación al Otro. La importancia que eso tiene para el psicoanálisis radica en que lo auto elude justamente la cuestión de la división subjetiva. Es que uno no sabe lo que dice, no sabe lo que quiere, no sabe lo que desea. Entonces pareciera digamos, que entendemos perfectamente que yo es una instancia con la que vamos a trabajar para desarticularla y por el otro lado pareciera que buscamos trabajar con él Yo, como hacían los postfreudianos, en busca de una alianza terapéutica. “Bueno, no puede ser que este yo goce tanto y entonces vamos a trabajar con él para que goce menos”. Ahora bien: venía diciendo entonces que el psicoanálisis trabaja con el padecimiento subjetivo y que para entender de qué se trata el padecimiento subjetivo lo tenemos que diferenciar la subjetividad del sujeto dividido. El sujeto dividido es algo bastante difícil de entender por algún motivo, porque por momentos entendemos que es una instancia efecto del lenguaje y por momentos decimos ” el sujeto padece, el sujeto goza” como si fuera una gente. El sujeto dividido lo podemos pensar como el tema, como el asunto del cual vamos a hablar, ese asunto que vamos a tratar en un análisis: esa división. Ahora: la subjetividad es el conjunto de las relaciones históricas culturales, morales, de educación, el conjunto de todas esas variables que contextualizan al sujeto que arman el contexto del sujeto. Si hay padecimiento subjetivo eso significa que hay padecimiento por el solo hecho de que el sujeto surge en esas variables y que estas son impuestas. Digo: si alguien nace en un país donde la mujer es oprimida, eso va a enmarcar el padecimiento que se puede presentar. El sujeto es efectivamente efecto de la cultura. Entonces el sujeto dividido tiene un contexto que es el de la subjetividad de la cual estamos hablando. Y esa subjetividad conlleva padecimiento. Con ese padecimiento nosotros vamos a trabajar. Ahora bien: resulta que ese padecimiento subjetivo, por ser el sujeto efecto de la cultura, el psicoanálisis dice que se expresa en el síntoma. Y justamente el síntoma es eso que tapona la división subjetiva, tapona la castración. Bien, ahora: cómo vamos a trabajar? Cuál es el eje de lectura que yo les quiero proponer hoy? Cada uno puede elegir el que quiera. A mí me gusta este, entre otras cosas porque Lacan mismo lo propone como un eje de lectura. Lacan en el seminario 19 va a decir a plantear las fórmulas de la sexuación, que son 4. Y va a decir al respecto: “He aquí lo que hace, de estas 4 inscripciones, un conjunto. Sin ese conjunto es imposible orientarse correctamente en lo tocante a la práctica del análisis”. Son las orientadoras de nuestra práctica. Es decir que todo psicoanalista necesita saber acerca de las fórmulas de la sexuación porque son orientadoras de nuestra práctica. Yo no voy a plantear acá qué son las fórmulas de la sexuación. Sólo quiero plantear el marco conceptual en el cual se desarrollan y con eso me parece que es más que suficiente para que podamos entender. Todo eje de lectura conlleva que uno intervenga de determinada manera y no de otra. Entonces, lo que quiero tomar como marco en esta charla es un soporte a las fórmulas de la sexuación, que consiste en explicar dos lógicas diferentes que se ponen en juego en un análisis: son la lógica fálica y la lógica del no- todo. Empecemos por algunas cuestiones matemáticas muy sencillas. Vamos a ver qué es para la matemática una relación. Tomemos como ejemplo “…es el doble de …”. Una relación implica que a un elemento del conjunto A, le corresponde uno o más elementos del conjunto B. Lo importante para nosotros es que hay correpondencia. $, se corresponde con “ y 6 con 3, si la relación es “…es el doble de…” Bien. ¿Qué quiere decir en nuestro campo que “hay relación”? El soporte teórico del Complejo de Edipo da estructura los vínculos como relaciones, en el sentido en que lo acabo de explicar. Por ejemplo: La niña rivaliza con la madre. El niño rivaliza con el padre. La niña ama al padre y el niño a la madre. Pero no sólo eso. La lógica edípica implica la historización de esos vínculos. La historia es un conjunto de relaciones, no sólo entre personajes, sino entre otros tantos significantes: padre, hija, hombre mujer, tal suceso de la infancia-lo que me pasa hoy, elecciones laborales, como efecto de un modo de decidir siempre igual, etc. Ejemplo: una paciente habla de un trastorno de la alimentación. Entonces dice: “en mi casa son todos obesos, entonces ¿cómo no voy a tener problemas con la comida? Uno podría pensar qué tiene que ver una cosa con otra. Tener padres obesos podría haber conducido a una persona a que se cuide mucho la salud, por ejemplo. Sin embargo ella arma esta relación. “Si p entonces q”. En lo que llamamos la lógica determinista, rigen todo tipo de relaciones: comparaciones, relaciones causales, analogías, metáforas, etc. El complejo de Edipo y la lógica del fantasma trabajan en este nivel. Esto es lo que en Psicoanálisis llamamos “lógica fálica”. El Falo es un significante que a la vez que plantea que la cosa está perdida y que no hay complementariedad, pretende la completud y en el camino hacia ella delata cada vez la falta. Dentro de esa lógica el neurótico cree que su jefe no lo reconoce (lo cual supone un encastre posible: él hace para ser reconocido y entonces su jefe debería reconocerlo), que la madre no le prestó “suficiente” atención, que a determinadas acciones deberían corresponderles determinadas otras. Esa es la lógica de lo simbólico, tal cual la plantea Lacan: si hay un hueco en la biblioteca, entonces falta un libro. ¿ Qué hacemos en un análisis si trabajamos exclusivamente en la lógica fálica, es decir en la lógica de que HAY relación? Podemos poner en cuestión esa relación de la que se trata en el relato de nuestro paciente, equivocarla y lograr que ya no haya tal relación. Pero resulta que desarticular eso implica seguir en el mundo de la relación que hay. Ahora vamos a ver un ejemplo, pero todo este asunto es para introducir otra cuestión: de qué se trata la famosa frase de Lacan NO HAY RELACIÓN sexual, en donde lo que quiero destacar es que existe otra lógica que la fálica, donde no hay relación. Pero veamos el ejemplo donde hay relación: Una paciente dice que la madre la coloca en el lugar de su pareja en vez de hija: le pide que la acompañe a lugares, que le haga compañía porque se siente sola, que ella no tiene con quien compartir ciertas cosas. Ella entiende que alude al padre, que falleció hace unos años. La paciente dice: con él se reían, salían a pasear, no se aburrían nunca! Hay una serie de relaciones que están implícitas ahí: la madre extraña al padre, la madre coloca a la hija en ese lugar vacío y la madre no soporta ese vacío (si no, no tendría necesidad de reemplazarlo). Una intervención posible sería: “Ah claro! Está aburrida!”. Eso equivocaría la idea de la madre angustiada por la soledad que ubica a la madre castrada y convoca a la hija, ocupando el lugar del padre. Ahora pasemos a la famosa frase “no hay relación sexual”. Que no haya relación, no quiere decir que no hay determinada relación pero sí podría haber otra. Sino que entre dos elementos no hay complementariedad, siempre hay hiancia. ¿Cómo se plantea en términos matemáticos esta cuestión? En todo conjunto, además de los elementos que lo componen, hay otro elemento, que es el conjunto vacío. Entonces si un conjunto tiene 3 elementos , en realidad tiene 4 porque uno de ellos es el conjunto vacío. ¿Qué significa eso? Que siempre va a haber un punto de vacío, en todo conjunto, imposible de llenar. ¿En términos psicoanalíticos de qué se trataría? Si el conjunto con el que nosotros tratamos es el conjunto de lo simbólico, el A, entonces ese conjunto vacío vale para nosotros como la barra de A. Que el Otro esté barrado implica su inconsistencia, no la inconsistencia del personaje imaginario que puede para el neurótico ocupar el lugar del Otro. Eso es circunstancial. Sino la falta en el Otro como campo del significante. Esa inconsistencia es la que hace que el Otro falle, es decir: que cuando queremos decir algo decimos otra cosa. Veamos un poco más en detalle de qué se trata la inconsistencia: Para que el lenguaje funcione, para que funcione como funciona, que es siempre fallando, es condición que la cosa falte. Ahora: esa falta, no es a priori. Lacan va a decir que la palabra mata a la cosa. Si es así, eso significa que primero es la palabra y luego la cosa matada, y no a la inversa. Si la palabra dijera la cosa el juego de metáfora y metonimia quedaría detenido. Pero además de la cosa faltante , el lenguaje estructurado, es decir, regulado por esas leyes, cuenta con la falta en otro registro: no sólo la cosa falta sino que para la neurosis el referente está perdido también. El neurótico cree que no, cree que cuando habla el referente funciona. Si yo digo “planta”, seguramente creamos que todos pensamos en el ser vivo de hojas verdes. Ahora, si pregunto uno por uno, si pido asociaciones, para que la planta es la que plantaba con su abuelita en el parque, para otro es la planta de la fábrica donde trabajaba el padre hasta que murió, para otro la planta del pie de su bebé, para otro vale como “plan”, como los planes que nunca ejecuta, etc. Entonces, ¿Ven que en realidad el referente está perdido también? Por eso decimos que un significante, en sí mismo, no dice nada, sino sólo dice en relación a los demás, y no en relación a un referente. Entonces diría que la Inconsistencia se trata del estatuto de lo simbólico, que es un registro de significantes que cuentan con la falta de un significante que hace al conjunto incompleto y con la falta de referente, lo cual hace que lo que se diga y se piense pueda ser cualquier cosa y no haya relación entre lo que se dice y lo que es, porque lo que es, no es eso y además no existe. Es decir que la inconsistencia, implica la imposibilidad de asir al Otro, de encontrarlo donde se lo busca. Es imposible categorizarlo, encasillarlo. La lógica del no-todo justamente supone que no hay cierre, que no hay modo de suturar, que en cuanto querramos aprehender algo se nos escapará. Entonces necesitamos intervenir en ese sentido, para poder desarticular el pensamiento necio de que todo puede ser capturado. Eso implica la propuesta lacaniana de lo Real: que en toda estructura hay un punto inconmensurable, fuera de todo cálculo, incapturable. La única forma de hacer eso es intervenir en la línea en que lo vengo planteando: haciendo caer el sentido, esa lógica lineal, binaria y causal, que es la lógica fálica.